Queridos amigos:
Inauguro el blog de mi web de coaching (Entós / ἐντός) con este artículo. Es muy especial, al menos para mí. Nace de una experiencia traumática que ha resultado ser de lo mejor que me ha sucedido recientemente. Nace también de una tarea que he acordado con mi coach, cuya identidad no desvelaré para proteger a los inocentes y porque no tengo su permiso (que tampoco se lo he pedido). 🙂
Voy a escribir desde la autenticidad con el deseo sincero de que mi experiencia personal, carente de importancia, pueda servirle a otras personas. Empiezo relatando los hechos sin detalles innecesarios, para pasar luego a resumir lo que he aprendido con ello.
Durante una sesión académica de un programa de formación que estoy haciendo se produjo un “incidente” bastante desagradable. Se trataba de una sesión uno a uno en la que recibí comentarios que en mi opinión fueron destructivos, corrosivos e innecesariamente crueles. Comentarios que por otra parte se produjeron en flagrante violación de los principios de la disciplina objeto de estudio.
¿Qué sentí en el momento? Pues me sentí agredido. Sentí inicialmente rabia. Mi cuerpo me enviaba señales de “peligro”. Notaba de forma muy precisa como la sangre se agolpaba en mi pecho y subía hacia la cabeza. Supongo que en el fondo tuve el pensamiento de repeler la agresión. Es curioso cómo reaccionamos ante este tipo de circunstancias.
Afortunadamente mantuve la calma. Me siento orgulloso de ello. En el pasado me gané la reputación de “tener la mecha corta”. Nunca lo reconocí, pero supongo que algo de cierto hay si la gente lo percibe así. En todo caso, fui capaz de mantener las formas. De hecho la conversación terminó relativamente bien para como había empezado y logré hasta apuntar algunas lecciones para mejorar.
En los días que siguieron le di bastantes vueltas al asunto. De nuevo, recurriendo al pasado, una experiencia así me hubiese generado pensamientos negativos en bucle y un par de noches sin dormir. Esta vez no. A ver, sí que me alteré, pero muchísimo menos que en lo que mi era habitual. De hecho noté como que mis reflexiones eran claras y sensatas, desprovistas de emociones negativas.
¿Y qué saco de todo esto? ¿Qué lecciones hay en esta experiencia? Hay muchas.
De entrada, comprobar que algo que de primeras consideras “una tontería” encierra una gran verdad. Me refiero a aquello de que “lo que te haga alguien no está de tu mano, pero puedes elegir como reaccionar y como sentirte al respecto”. Es difícil. Pero es posible. Ahora lo sé a ciencia cierta.
Otra cosa que es difícil es no juzgar. Y creo que en muy buena medida logré no hacerlo. No tengo ninguna intención de poner etiquetas a la persona con la que tuve el episodio. Llegué a la simple conclusión (creo que compartida) de que, de algún modo, lisa y llanamente, somos incompatibles y no podemos trabajar juntos. Y ya está. Mi correo de unos días después terminaba con la frase “te deseo todo lo mejor en tu vida”. Y era algo dicho desde el corazón. No una frase “fake” por simple educación.
Si no juzgar es difícil, más difícil aún es perdonar. La verdad que aquí, de forma enormemente genuina, una vez más, no llegó a haber ni perdón. Mi pensamiento fue y es “que no hay nada que perdonar”. Así lo dije durante la conversación difícil que os he descrito cuanto la otra persona me pidió amablemente disculpas. Por cierto, en aras de la justicia, he de decir que esta persona hizo un enorme esfuerzo por rescatar la conversación y fue enormemente generosa con su tiempo. Se lo agradezco.
¿Y qué más he descubierto?
Pues que los conocimientos académicos, las cosas técnicas, tienen una importancia relativa. Que mi coaching puede ser técnicamente muy cuestionable, pero lo doy por bueno si tiene impacto en las personas que lo reciben. ¡Cuidado! Esto no debe ser una excusa para cerrarse a aprender y mejorar. Es más bien un llamamiento a ser flexible. A ser capaz de apartarse de la ortodoxia cuando las circunstancias y el bien del cliente lo requieran.
Otro efecto de esta experiencia, totalmente inesperado, ha sido un aumento muy apreciable de mi autoestima. Una asignatura que siempre he encontrado difícil. Ahora mismo estoy en un lugar de escucha y apertura, pero a la vez en un sitio desde el que pienso que puedo hacer grandes cosas. Que tengo que ser “auténtico” y preocuparme cada vez menos de la crítica y del ego que quiere quedar bien. Estoy dispuesto a escuchar opiniones sobre mí y sobre mi trabajo, incluso a incorporar lo que haya de sabiduría en ellas, pero nunca voy a dejar que los comentarios destructivos, tan comunes en nuestro tiempo, me afecten negativamente.
Me gusta decir que en este mundo siempre hay algún alma caritativa deseando hundirte en la miseria. Que lo intenten es culpa de ellos, que lo consigan es culpa tuya.
Todo esto refleja para mí una enorme mejora personal. Basada en el autoconocimiento y en la acción. Soy consciente de que lo que he conseguido hasta ahora es una parte ínfima de lo que me queda por hacer. Pero ahí estoy, en el camino. Gracias a todos los que me habéis ayudado. Y gracias a Dios por enviarme experiencias tan desagradables que me mueven en la buena dirección. A menudo nos sucede no lo que queremos, sino lo que nos conviene.
Termino lanzando un lema de autenticidad total y absoluta. Es una creación mía (creo) que no nace en un vacío, como casi todas las creaciones. Se trata del lema “AI outside” (traducible por “libre de Inteligencia Artificial”. Cada letra de este post ha salido de mi cabeza, sin atajos, sin herramientas, por el simple motivo de que quería ser yo en estado puro, sin aditivos ni conservantes. Para ser feliz, pienso, hay que ser auténtico.
Conócete y mejora. Un poco cada día.
Juan Cogollos, Coach.
PD. Aclaro que no soy enemigo de la Inteligencia Artificial. Es más, la uso cada día y la considero un gran avance. “AI outside” quiere simplemente reflejar que una creación es 100% fruto de su autor.
La expresión viene del slogan publicitario “Intel Inside” lanzado por la empresa de micro procesadores Intel. Ponían pegatinas en productos para indicar que una máquina estaba equipada con sus chips. Con el tiempo un grupito de rebeldes, para protestar por el cuasi monopolio de Intel, hizo pegatinas caseras que ponían en sus ordenadores. El lema era “Intel Outside”. ¡Mucha rebeldía en el mundo informático! 🙂
